Irrational Man: una reflexión sobre el crimen perfecto y moral

Como cada año acudo con expectación a mi cita en las salas con el genio Woody Allen. Hay quién critica el hecho de que estrene una película al año. Quizás le de cierto aire de producción en cadena pero yo prefiero pensar que su cabeza loca necesita crear constantemente. Cierto es que en los últimos años hemos visto muchas de esas películas a las que la crítica ha bautizado “título menor”. Sin embargo bien recientes son películas como Midnight in Paris o Blue Jasmine, que en mi opinión tienen poco que ver pero nada que envidiar a los clásicos del Allen de los 70. Su último título, Irrational Man, puede que no deslumbre como las mencionadas, pero me niego a meterla en el saco de título menor. En cualquier caso lo meteré en de una joya menor. 


Abe Lucas (Joaquin Phoenix) es un decadente profesor de filosofía que llega a un campus universitario revolucionando a sus miembros, especialmente a los de género femenino. Su alumna modelo Jill (Emma Stone) se enamora de él sin remedio. Irrational Man se disfraza de comedia romántica para retomar un tema que por lo que podemos ver en su filmografía obsesiona al autor: el mundo del crimen. Sin entrar en muchos detalles para no desvelar la trama, el protagonista del film, un impecable Phoenix, pone sobre la mesa la posibilidad de cometer un crimen perfecto y, esto es lo más sorprendente, moral. Con el mismo atractivo de la Soga de Hitchcock o las reflexiones del ya clásico de Allen Match Point, la faceta psicópata del personaje atrapa al espectador. 

No deja de ser curioso el hecho de que uno se sienta más atraído e incluso identificado con el antihéroe de esta historia. La réplica de la nueva musa del director (Stone) no se queda atrás. Sin embargo la imagen de la estudiante perfecta no logra conectar con el otro lado de la pantalla como lo hace su desaliñado profesor en crisis. Cierto es que la trama principal parece alargarse sin sentido a la mitad de la cinta. Un tedio que se ve más que recompensado con el gran giro final. 
 
Y así, la comedia romántica intelectual se convierte en una historia que te hará reflexionar sobre cuestiones como la culpa, la justicia o la moral. El resultado es el deseado. Los espectadores se levantan de la butaca preguntándose  ¿y qué hubiera hecho yo? 

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