La Bella y la Bestia. La torpe copia de una obra maestra

Condon parece que deja muchas cosas al azar, y no crea una obra para el nuevo público, si no que decide copiar la original.

 

Desde hace unos años la compañía Disney ha decidido resucitar a sus clásicos en carne y hueso para engrosar las cuentas bancarias de sus directivos, estrategia que desde luego ha funcionado y que desde 2015, con el estreno de “Maléfica” no ha hecho más que aumentar.

Cenicienta” fue la primera princesa Disney en pasar por este nuevo lavado de cara, y aunque muchos criticaron su fiel reflejo de la cinta animada, fue un gran éxito de taquilla, algo que dio como resultado el arranque de una producción mucho más ambiciosa como fue “El libro de la selva“, que se estreno el pasado año con unos sorprendentes resultados de taquilla llegando a rozar los 1,000 millones de dólares en todo el mundo, y poniendo a sus pies a diversos críticos que aplaudían este entretenido film.

Así que sólo era cuestión de tiempo que la adaptación de una de las obras cumbres de la compañía, “La bella y la Bestia”, volviera a nuestras pantallas como ha hecho esta semana en casi todo el mundo.

Y es que además de una gran campaa de marketing, llegaba con grandes polémicas, como la inclusión del primer personaje abiertamente gay en un film Disney y una versión musical, quizás demasiado fiel a la original.

Una adaptación torpe y carente de energía

El encargado de dirigir esta nueva adaptación es el experto en musicales Bill Condon, que ya estuvo al mando de “Dreamgirls” y adaptó el guión para el cine de la oscarizada “Chicago“, además de coquetear con el cine juvenil dirigiendo las dos últimas entregas de “La Saga Crepúsculo“, por lo que parecía el mejor candidato para el film. Sin embargo, Condon parece que deja muchas cosas al azar, y no crea una obra para el nuevo público, si no que decide copiar la original, con las mismas canciones y mismas secuencias, haciendo que nada nuevo en este film consiga actualizar la cinta animada. Durante las dos horas de película el director parece poner el piloto automático y se deja llevar por la ambiciosidad del proyecto, confiando el éxito del film a otros departamentos que parecen mucho más despiertos que éste. Una realización plana y que en ocasiones resulta aburrida y tediosa que juega peligrosamente con la comicidad de algunas escenas, haciendo que parezca una parodia de la original y que pensemos que Condon no se ha tomado demasiado en serio dirigir este film, o que no es consciente del excelente material que tiene entre manos.

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Pero no toda la culpa es del director, los encargados de adaptar esta obra tampoco han acertado al limitarse a copiar las escena e incluso los diálogos, dejando poco espacio a nuevas secuencias que no aportan absolutamente nada más que abultar el metraje del film para que éste consiga llegar a las dos horas, seguramente impuestas por el estudio.

La caricaturización de los personajes.

Desde que supimos de la adaptación del film, todo el mundo se preguntó quién interpretaría a la joven Bella, y cuando Emma Watson fue la elegida para este papel muchos aplaudimos la elección, pero parece que a Watson se le queda grande el film, con una sosez que el personaje animado no tenía, la actriz se mueve incómoda entre tanto efecto animado, limitándose a cantar y dialogar su texto sin ningún tipo de gracia ni energía. Contrapunto con el resto de personajes que parecen sacados de la feria de la caricatura, ninguno de ellos parece encontrar un punto intermedio entre lo serio y lo esperpéntico, dedicando interpretaciones que, en ocasiones, parecen bochornosas, de las que no se salvan ni Emma Thompson, Ewan McGregor o Ian McKellen.

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Pero no todo es malo en el film de Disney, ya que la espectacular puesta en escena nos hace viajar hasta una Francia del S. XIV haciéndonos olvidar del tiempo presente y vibrar con los espectaculares efectos especiales que hacen cobrar vida a grandes personajes como Lumiére y Ding Dong .

En definitiva es un film entretenido, diseñado para sacar dinero y acercar a una nueva generación al film original, al que no consigue ni por asomo alcanzar su genialidad, pero que resultará insatisfactorio para los fans de la película que en 1991 hizo soñar y vibrar a grandes y pequeños.

Óscar San Martín

 

Cien años de perdón: vibrante thriller con conciencia social

El nombre del director  Daniel Calparsoro empieza a relacionarse con el thriller español de los últimos años. Tras dirigir sin demasiado éxito Invasor y Combustión esta semana ha sorprendido con el estreno de Cien años de perdón. Los avances de la película y un elenco de actores de primer nivel subía las expectativas con respecto a sus trabajos anteriores. El resultado del film incluso las supera. Y esto es gracias al guión de Jorge Guerricaechevarría. Y es que esta película recuerda más a éxitos del guionista  como Celda 211El Niño. 

Una mañana lluviosa, seis hombres armados asaltan la sede central de un banco en Valencia. Lo que parecía un robo con rehenes,  limpio y fácil pronto se complica, y nada saldrá como estaba planeado. Esto provoca la desconfianza y el enfrentamiento entre los dos líderes de la banda, “El Uruguayo” (Rodrigo De la Serna) y “El Gallego” ( Luis Tosar). Y es que además de dinero y joyas, las cajas fuertes del banco esconden los secretos de un importante político. 
El ritmo trepidante de este thriller te mantiene clavado en la butaca durante los más de 90 minutos de metraje. Si el trabajo de  Luis Tosar es como siempre sobresaliente, la gran sorpresa de la película es la brillante interpretación que Rodrigo De la Serna hace del despiadado atracador. Los cara a cara de estos dos actores componen, sin duda, las mejores escenas del  film. 
No desmerece el trabajo del resto del reparto. Patricia Vico está más que correcta en el papel de la estirada directora del banco. Intérpretes de la talla de Raúl Arévalo, Marian Álvarez y José Coronado tratan de controlar la situación desde el exterior del banco atracado. 
La gran virtud de la película es que nos hace empatizar con “los malos” y desear que el atraco concluya con éxito. Eso a pesar de los contratiempos y de las  desternillantes cagadas de “Loco” (Joaquín Furriel), sin duda, otro descubrimiento. Al final la historia de un atraco aparentemente normal se acaba convirtiendo en una dura crítica a la clase política española y a los círculos de poder. Corrupción política, desahucios, ambición de las entidades financieras…   Y es que cómo dicta el cartel de la película ¿Quién roba a quién? 

¡Ave César!: cine dentro del cine para cinéfilos

Un estreno de los hermanos Joel y Ethan Coen es siempre un acontecimiento cinematográfico. Sumado a que fue el título elegido para abrir la última edición de la Berlinale y que se enmarca dentro de ese género que me encanta y que ha tomado el nombre de “cine dentro del cine” ayer me decanté frente a la cartelera por ¡Ave César! 
Esta disparatada comedia nos traslada a unos estudios de Hollywwod en los años 50. La estrella de una superproducción de romanos (George Clooney) es secuestrada durante el rodaje. El productor ejecutivo (Josh Brolin) tendrá que ingeniárselas para pagar el rescate sin desatender el resto de producciones del estudio. 
Josh Brolin en ¡Aver César!
El desarrollo de los acontecimeintos, que no quiero adelantar aquí, resulta hilarante. Es una delicia colarse en estos rodajes de películas que aunque nunca se rodaron en la vida real recuerdan a grandes clásicos de la década de los 50 como Benhur, Cantando bajo la lluvia o Centáuros del desierto. Cuando la magia del clásico nos invade los Coen nos dan una bofetada de realidad mostrando lo más oscuro de la fabrica de los sueños. Estrellas del Hollywood de taquillazo de nuestros días como George Clooney, Scarlett Johansson, Channing Tatum , Tilda Swinton o Ralph Fiennes aparecen en la película casi como si se tratara de un cameo. El peso del argumento lo carga un impecable Josh Brolin en el papel del productor del estudio. 


Si hay algo que echar en cara a esta película es que en ocasiones parece que estamos más frente a una consecución de sketchs paródicos que de un largometraje que funcione como una unidad. Y es que este despropósito, que es ¡Ave César!, además de excarvar en lo peor de Hollywood, nos habla de periodismo sensacionalista, de comunismo y hasta de Dios y de su hijo, o de uno que se hacía pasar por Él… Esta cuestión no queda muy clara…

En definitiva, una comedia nada convencional con momentos memorables y no recomendada para todos los públicos. Hay quien la ha categorizado entre las películas menores de los Coen. Yo recomiendo a todo cinéfilo que disfrute del espectáculo sin más pretensiones. 


Marta Ingelmo

"Spotlight" y "Carol" triunfan en San Francisco y Toronto

Después del empacho de premios importantes, como los de la semana pasada, seguimos acumulando premios con asociaciones de críticos ya no tan importantes como San Francisco y Toronto, pero nos sirven como guías de por donde van a ir los demás premios, mientras esperamos a los premios de los distintos sindicatos (Más acertados a los Oscar).
Parece que las dos películas que más destacan en esta carrera son “Spotlight” y “Carol” que son las que se están repartiendo todos los galardones.

Asociación de Críticos de San Francisco

“Spotlight” gana en Toronto, sin embargo es la única mención hacia este film. Es “Mad Max: Furia en la carretera”la gran triunfadora con 3 mencionas. Paul Dano sigue ganando premios en la categoría de Mejor Actor Principal y Saoirse Ronan triunfando por “Brooklyn”.
“Hijo de Saúl” imparable como Mejor Película Extranjera y “Anomalisa” gana como Mejor Film de Animación.


Mejor Película
“Spotlight”
Mejor Director
George Miller, “Mad Max: Fury Road”
Mejor Guión Original
Oren Moverman; Michael Alan Lerner, “Love & Mercy”
Mejor Guión Adaptado
Nick Hornby, “Brooklyn”

Mejor Actor
Paul Dano, “Love & Mercy”
Mejor Actriz
Saoirse Ronan, “Brooklyn”
Mejor Actor de Reparto
Michael Shannon, “99 Homes”
Mejor Actriz De Reparto
Mya Taylor, “Tangerine”
Mejor Película de Animación
“Anomalisa”
Mejor Película Extranjera
“Son of Saul”
Mejor Documental
“Listen to Me Marlon”
Mejor Fotografía
John Seale, “Mad Max: Fury Road”
Mejor Diseño de Producción
Judy Becker; Heather Loeffler, “Carol”
Mejor Edición
Margaret Sixel, “Mad Max: Fury Road”

Asociación de Críticos de Toronto
“Carol” se lleva el premio gordo en Toronto junto al de Mejor Director. La alemana Nina Hoss da la sorpresa al obtener el premio a Mejor Actriz por “Phoenix” y Tom Hardy por “Legend”. 

Mejor Película
Carol
Mejor Director
Todd Haynes, Carol
Mejor Actriz
Nina Hoss, Phoenix
Mejor Actor
Tom Hardy, Legend
Mejor Actriz De Reparto
Alicia Vikander, Ex Machina
Mejor Actor De Reparto
Mark Rylance, Bridge of Spies
Mejor Guión
The Big Short
Mejor Primera Película
Ex Machina
Mejor Película Extranjera
Phoenix
Mejor Documental
The Look of Silence
Mejor Película Animada
Shaun the Sheep Movie
Óscar San Martín

Truman: La tragicomedia de la enfermedad, la vida y la muerte

Siempre he admirado la habilidad que tienen los cineastas franceses para reirse de discapacidades o enfermedades sin resultar ofensivos. Lo vimos en dos de los últimos grandes éxitos de su cine. Con Intocable nos partimos de risa viendo como el protagonista vertía té hirviendo en las piernas de un tetrapléjico. ¿Suena cruel? Sí. Pero en la pantalla sólo es divertido. La familia Belier, en la que la mayoría de sus miembros son sordomudos, es capaz de reirse de las dificultades que les impone su discapacidad y hacernos reir a nosotros con ellos. Más perverso puede parecer reirse con la historia de un niño con cáncer. En la menos conocida pero recomendable Declaración de guerra, sumergidos en el drama de los padres de este niño, de repente nos sacan una carcajada. Cuando he visto estas escenas del cine reciente francés siempre he pensado, “esto en España no lo sabemos hacer, y si lo hacemos acaba resultando ofensivo”. Me equivocaba.
Truman es una comedia dramática, o mejor, un drama con toques de comedia, que aprovecha la enfermedad de su protagonista para hablar de la amistad, de la muert o de las relaciones familiares. Julián (Ricardo Darín) padece un cáncer terminal. Su mejor amigo Tomás (Javier Cámara) viaja desde Canadá a Madrid para pasar con él cuatro días. En estos últimos días juntos nos harán testigos de sus reflexiones sobre lo que cabe esperar de un amigo en los momentos más duros, y lo harán con tintes de comedia, que si no la carcajada, sí que nos arrancarán más de una sonrisa.
 
Darín está sublime en su papel de enfermo aparentemente poco afectado por la cercanía de la muerte. Cámara no se queda atrás en este cara a cara constante con el argentino. Merecida es la Concha de Plata exequo que lograron los dos en el Festival de San sebastián, y aquí me arriesgo, asegurado el Goya al Mejor actor para Darín. 

Y en medio de esta comedia dramática que es la vida, un perro, Truman. Para saber qué pinta él en esta historia, os recomiendo acercaros a una sala de cine. Así de paso veréis el título que consolida al director Cesc Gay, una de las mejores películas españolas del año y el mejor trabajo del argentino de los últimos tiempos..

SPECTRE: La esencia de James Bond

Se acaba de estrenar en nuestros cines la última aventura de 007 (la 24ª ni más ni menos) dirigida nuevamente por Sam Mendes. Lleva por título SPECTRE, algo que a priori no significa nada pero que realmente es uno de los títulos más reveladores y significativos de la saga. ¿Por qué motivo? Pues porque es el nombre de la  organización terrorista liderada por el archienemigo de Bond, Blofeld y porque desde la etapa de Sean Connery (1962 – 1971) no ha vuelto a aparecerSupone volver a traer a nuestros días a los enemigos que dejaron viudo a Bond y que más difícil le han puesto las cosas. 


En esta película no vamos a perdernos si no sabemos nada de lo anterior. Nos muestra el primer contacto que tiene Bond con ella. Para ello partimos de un comienzo de película espectacular, con un plano secuencial magnífico y unas escenas de acción rodadas en México durante el día de los muertos, que te dejarán pegado al asiento con la boca abierta. Ya sea por la puesta en escena, por los sucesos que acontecen o la forma en la que se resuelve, estamos ante uno de los mejores comienzos de una película dentro de las 24 existentes. A partir de aquí comienza un viaje por todo el mundo parando en alguno de los lugares más bellos: Persecución de coches por las estrechas y sinuosas calles de Roma; Persecución a bordo de un avión por las montañas de los Alpes; pelea a muerte con un esbirro imponente que pondrá las cosas verdaderamente difíciles a 007; espectacular tiroteo en la guarida del villano y desenlace totalmente inesperado. 


Pocas cosas más podemos pedir… ¡ah sí! Por supuesto un ingrediente fundamental: Las chicas. Para esta ocasión han contado con dos de las mujeres más bellas del mundo: por un lado la ansiada desde hace años, Monica Bellucci, que como ella ha expresado, no interpreta a una Chica Bond sino a una Mujer Bond; y por el otro con Lèa Sidoux (La vida de Adele, MI: Protocolo Fantasma) que tendrá un papel capital y determinante. Ambas tienen escenas con Bond que sin duda encantarán pues tienen una enorme carga erótica.
El villano principal corre a cargo de Christoph Waltz que interpreta a Franz Oberhauser. Waltz vuelve a entregarnos un malo histriónico que por momentos recuerda al de Malditos Bastardos; y un sicario, Hinx, interpretado por el luchador profesional de las World Wrestling Entertainment, Dave Bautista.


La película, pese a prácticamente ser una continuación de SKYFALL (la exitosa entrega anterior), no guarda ningún parecido con ella. Todo lo transcendental y seria que fue aquella aquí no se muestra por ningún lado. SPECTRE es una película mucho más ligera, más disfrutable, con más humor y de nuevo con la fórmula Bond de las entregas anteriores a la etapa Craig. Una película dirigida para los fans de toda la vida y para el público que de verdad quiere disfrutar y pasarlo a lo grande viendo una película de acción
Como dice una de las canciones de la saga: “Nadie lo hace mejor” y Bond vuelve a mostrarnos porqué es el personaje por antonomasia dentro de las películas de acción y espionaje.

Pablo Ortega 

"Goodnight Mommy", gran cirugía del terror psicológico.

Es pleno verano, y dos hermanos gemelos esperan pacientemente a que su madre regrese a casa tras una operación de cirugía plástica. Cuando llega con la cara completamente vendada se muestra fría, distante y obsesiva. El cambio en su personalidad hará que los niños se pregunten si la mujer es realmente su madre o se trata de una impostora.


Original premisa para un drama psicológico que evoluciona hasta un terror congénito que nos golpea en el estómago. A lo largo de su poco más de hora y media de duración, los directores Severin Fiala y Veronika Franz trazan con un ritmo lento pero con fuerza una historia de terror, traumas y pasados trágicos con una puesta en escena impecable. Con su mirada directa y turbia nos mete en la piel de todos los personajes y no dudan en hacer tambalear los cimientos de la historia dando un giro final tan inesperado como terrorífico.
Todo ese ambiente cargado, en parte, es gracias a los magníficos actores Susanne WuestElias Schwarz y Lukas Schwarz que imprimen tensión gracias a sus miradas, gestos y reacciones frías. Nada ocurre por casualidad y cada acto desencadena el siguiente sin marcha atrás. Wuest consigue hacernos temblar sólo con el moviemiento de su cuerpo, y nos hace revolvernos en nuestro asiento, aún teniendo la cara llena de vendas. Los gemelos Schwarz realizan un debut en el cine magnífico dotando a sus personajes de pequeños matices y de una evolución que juega en ocasiones al despiste.


Sin música a lo largo del film, los directores se apoyan en la potente fotografía con lugares muy luminosos que contrastan con la oscuridad de los sentimientos de nuestros protagonistas, de la oscuridad que les envuelve y les persigue desde un accidente fatal del pasado. Las secuencias mas aterradoras ocurren de día y no de noche, dándonos una sensación de turbiedad y desasosiego.


Quizás el guión no responda todos los interrogantes que él mismo propone, pero desde luego funciona bien como film de terror que se aleja de los cánones que nos ha impuesto Hollywood en este género a lo largo de los años. El juego que realiza con la cirugía inquieta y sobre todo te hace dudar sobre lo que pasa en todo momento, pero lo que está claro es que cuando lleguen los créditos finales el film no te habrá dejado indiferente.

Óscar San Martín

"Mi gran noche". Entretenida, loca pero desigual

Álex De La Iglesia es uno de los cineastas españoles más importantes, tanto a nivel nacional como internacional. En su palmarés, además de numerosos Goyas, figuran premios tan importantes como el León de Plata a Mejor Director en el Festival de Venecia, gracias a una más que singular filmografía en el que destacan los guiones locos, personajes kitsch o límites y un submundo característico donde reina lo absurdo, muchas veces camuflado de realidad social.

Todo esto es algo que caracteriza a su última película “Mi gran noche”, un film coral lleno de humor donde reina lo absurdo, que tiene su máximo auge en el mismo concepto del film (Una gala de nochevieja grabada 3 meses antes durante una huelga por un ERE en la televisión).
Como todas las películas del “enfant terrible” del cine español uno se dispone a verla con cierto disfrute, esperando que De La Iglesia desborde locura en cada plano pero con un pequeño nivel de cordura que haga de su conjunto una obra maestra, o al menos una de las mejores de su filmografía. Pero nada de esto sucede, si bien es un film entretenido, “Mi gran noche” se descubre como un film de consumo rápido y fácil que da la sensación de que podía haber sido más.

La premisa es interesante y divertida, algo que se mantiene a lo largo de la más de hora y media que dura la cinta, sin embargo, según va llegando a su final se empieza a precipitar en hechos locos pensados para acelerar el fin de muchas de las tramas abiertas.
Lo que está claro es que tiene uno de los mejores castings actuales a su servicio, en el que destacan Jaime Ordóñez, Blanca Suárez y Raphael, que tiene muchas de las secuencias más divertidas y autoparódicas del film.

El pulso firme del director hace que el ritmo de la cinta no decaiga en ningún momento haciendo que su visionado sea fácil y entretenido algo que se le agradece al director, aunque la sensación final al encenderse las luces del patio de butacas es de haber visto un anécdota de lo que podía haber sido.

Óscar San Martín

Crítica de Operación U.N.C.L.E


La primera sensación que a uno le viene a la mente es que estamos ante una especie de copia de James Bond: Agente Secreto, juegador, mujeriego, sibarita… No es una locura pensarlo, pues la creación del protagonista de «El Agente de CIPOL» —como fue conocida la serie aquí en España—, Napoleón Solo, fue de Ian Fleming, como todos sabréis —y sino fijaros en los créditos iniciales de las películas de 007— el creador de James Bond. Bien, partiendo de ahí vayamos a la historia de este personaje.

El Agente de CIPOL —The Man For U.N.C.L.E(United Network Command for Law and Enforcement (Comando de Red Unida para la Ley y la Ejecución))— fue una serie Americana cuya emisión fue de 1964 a 1968. Tras salir la novela de James Bond «Desde Rusia Con Amor» entre las favoritas de Kennedy en una lista publicada en 1963 y el rotundo éxito de la película de 007 «Goldfinger» en 1964 se inició lo que hoy conocemos como “Bondmanía”. Por ello que las copias del agente británico con licencia para matar surgieran en todas las partes del mundo. Los Americanos no iban a ser menos y llevaron a cabo esta serie de TV protagonizada por Robert Vaughn en el papel de Napoleón Solo y por David McCallum como Illya Kuryakin. Las tensiones entre los Americanos y los Rusos están en el máximo apogeo de la Guerra Fría y aquí se apostó por una colaboración entre ambas potencias.

Con todo esto, Guy Ritchie ha llevado a la gran pantalla a este personaje 46 años después. Lo fácil hubiera sido, tal y como funciona la industria cinematográfica, adaptar el personaje a la actualidad… Nada más lejos de la realidad. Nos ha traído una película ambientada en los primeros años 60 entregando una película también muy de inicios de los 60. ¿Y por qué digo esto? Pues porque la estética, la acción —sobretodo— y la historia están mostradas como si se hubiese rodado hace 50 años. Y ello sorprende, más si cabe viniendo de Ritchie, que con Sherlock Holmes nos entregó a un personaje anclado en el Siglo XIX pero con secuencias de acción muy actuales. Uno puede pensar —y no se le podría tachar de loco— que Sherlock Holmes es más actual que Napoleón Solo al ver las película, si no fuera por las vestimentas.

En lo referente a la película en sí, tenemos a Henry Cavill en el papel de Napoleón Solo; a Armie Hammer como Illya Kuryakin y a Hugh Grant como Mr. Waverly. No va coja en cuanto a nombres, sin embargo estamos ante unos protagonistas con 0% de carisma. Henry Cavill parece estar en todas las escenas posando más que actuando, con unas tomas, que al igual que si estuviéramos ante Julio Iglesias, le enfocan constantemente su lado derecho de la cara —uno entiende cómo Cavill perdió el casting final con Craig para interpretar a Bond en Casino Royale— y un sieso Armie Hammer que te hace bostezar constantemente. El guion resulta flojísimo de principio a fin de la película con pocos momentos salvables —yo diría dos: El baile y la cena que se mete entre pecho y espalda Napoleón en una camioneta—. Eso sí, no todo va a ser malo en la película. Tanto la estética como la banda sonora  hacen que uno se sumerja en los años 60 muy fácil.

Dicho todo esto, si os gusta Cavill —en todos los sentidos—, la estética sesentera o la buena música, es una película entretenida para un día de lluvia. En todo lo demás, dudo que coseche un éxito como el de MI5: Nación Secreta o la futura nueva entrega de Bond «SPECTRE» y por ello, pese a dejar un final abierto, no creo que se hagan más películas con este elenco, aunque si algo tiene el cine, es la sorpresa.

Pablo Ortega 

¿Podría Masters of Sex llenar el vacío de Mad Men?

Desde el episodio final de la séptima y última temporada de Mad Men siento un vacío en mi interior. He intentado suplirlo con la nueva temporada de Orange is the new Black, incluso me he atrevido con el piloto de una de mis series pendientes, Los Soprano. Nada. Ninguno de sus personajes me inquieta como Don Drapper, me ilusiona como Peggy Olson o me perturba como Betty Drapper. 
En medio de mi desesperación caigo en que tras el final de Mad Men, arranca la tercera temporada de Masters of Sex. La historia de William Master y Virginia Johnson me atrapó desde el primer capítulo. A una primera temporada redonda le siguió una segunda menos revolucionaria. Con tres capítulos emitido de su tercera temporada, la sensación que nos da es de que todo lo que nos han contado hasta ahora nos ha puesto en situación para llegar al meollo del asunto: la revolución sexual. En el primer capítulo de esta tercera temporada, los dos protagonistas ven por fin el fruto de sus investigaciones sobre el sexo en su primer libro: Respuesta sexual humana. Sus personajes con sus luces y sus sombras ya nos tienen atrapados pero es ahora cuando empiezan a hacer historia. 


Retomando la comparación que nos ocupa. La principal diferencia entre Masters of Sex y Mad Men es que la primera nos cuenta la historia real de los padres de la revolución sexual. El saber que el doctor Masters y Virginia Johnson fueron personas reales le suma interés a la historia pero le resta la posibilidad de soprendernos. No tenemos más que abrir la wikipedia para saber en qué acaba la historia. En cambio, ¿quién prodría predecir el destino de los personajes de Mad men?


Tanto Don Drapper como William Master representan a un hombre que ha alcanzado la gloria en su profesión pero que no deja de sentirse vacío en lo que se refiere a su vida personal. Ambos esconden grandes secretos y tienen problemas familiares. Si el publicista trata de llenar ese vacío acostándose con todo lo que se mueve, el ginecólogo centra toda su atención en su trabajo. La complejidad del personaje de William Master no alcanza a la de Don Drapper. A pesar de que los dos encarnan a un antihéroe, los guionistas de Masters Of Sex no han tenido intención de que su protagonista genere ninguna empatía con el espectador. Esto le hace si cabe más interesante. 
Ambas series, a pesar de contar con un protagonisto masculino nos están contando cómo la mujer deja de estar al servicio del hombre en la cocina y en la cama para tomar sus propias decisiones, emprender una carrera profesional y ganarse su independencia. A esta mujer que nace en los 60 las encarnan los personajes de Peggy Olson y Virginia Johnson. Peggy llega al mundo de la publicidad como secretaria de Drapper. Su talento y su capacidad para sobreponer su carrera a su vida personal la convierte en una pieza clave del equipo de creativos de la agencia. Johnson era una cantante de poca monta cuando empieza a trabajar como secretaria para el Doctor Masters. En poco tiempo se convierte en su ayudante en sus investigaciones. Cansada de estar en un segundo plano retoma sus estudios universitarios para equipararse a su jefe y amante. 
 
Si las dos protagonistas femeninas encarnan a dos mujeres con gran ambición profesional, Betty Drapper y Libby Masters representan a la típica mujer de los años 60. Al inicio de las series, las dos interpretan bien su papel de madre y fiel esposa. Gracias a sus personajes, veremos como la revolución femenina no se vivió sólo en el entorno profesional si no también dentro de los hogares estadounidenses. 

La estética vintage, un vestuario de película, la presencia del sexo, el telón e fondo de la historia de Estados Unidos, dos cabeceras para la historia de la televisión… Las dos series comparten eso y mucho más. Mad Men es más visual y obtusa, Masters of Sex más natural y emocional. Para saber si Masters of Sex llegará al nivel de Mad Men tandremos que ver cómo evoluciona a partir de ahora. A mí por el momento, me alivia la pérdida.